La agricultura es uno de los mayores productores de la contaminación de subsuelo, uno de los principales impactos negativos son los fertilizantes, sobre el agua son: lixiviación, aguas subterráneas y superficiales. En el caso del suelo los impactos negativos son: variación del pH, deterioro de la estructura del suelo y deterioro microfauna.
En este entorno, hay dos tipos metales que poseen particular relevancia: el cadmio y el cobre. El cadmio es una impureza de los fertilizantes de fosfato y constantemente quedan restos de cadmio en el suelo en el cual se aplican estos fertilizantes. Las porciones tienen la posibilidad de ser bastante pequeñas, empero se acumulan. Ya que el cadmio es carcinógeno, debemos examinar bastante de cerca esta acumulación. Se ha trabajado mucho y se sigue haciendo un trabajo para cuantificar este problema y aprender métodos de minimizar el cadmio en los fertilizantes. El cobre está en regiones de viñedos y donde el metal se empleaba convencionalmente como mánager antimicótico. Desafortunadamente, el cobre se ha acumulado en el suelo. Cuando dichos y otros metales se unen al suelo, están ahí y hay escasas perspectivas realistas de eliminarlos.
Los plaguicidas conforman otro problema asociado a la agricultura. Entendemos, ejemplificando, que los plaguicidas organoclorados, que llevan prohibidos un largo tiempo, siguen estando presentes en suelos de toda Europa. Con los plaguicidas recientes, el enfoque en sus efectos sobre la biota del suelo fue bastante reducido. Dichos plaguicidas tienen la posibilidad de producir inconvenientes de los que ni siquiera somos conscientes aún. Asimismo, nuestro sistema normativo sobre los efectos que las sustancias químicas agrícolas muestran para el suelo es, en mi crítica, bastante laxo.
Info: Agencia europea de medio ambiente.

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